MI SALUD MENTAL: ¿RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL O COLECTIVA?

El significado de la palabra RESPONSABILIDAD nos habla de la capacidad de tomar decisiones de manera consciente y de asumir las consecuencias que estas decisiones tengan. La responsabilidad puede ser ejercida cuando las personas tenemos LIBERTAD para poder elegir entre varias opciones.
Hay circunstancias adversas en las que hagamos lo que hagamos en forma individual no es posible mejorarlas. En esas circunstancias en las que no parece haber ninguna opción constructiva, que mejore lo presente, el espacio de LIBERTAD se estrecha y la RESPONSABILIDAD se convierte en una capacidad impotente: no existen opciones reales a la vista.
Si estoy sin trabajo y haga lo que haga no consigo realizar una actividad con la que tener ingresos económicos suficientes para mí y mi familia, si tengo a mi marido con una enfermedad crónica para la cuál las instituciones públicas mezquinan recursos materiales y humanos para atenderla, si no puedo pagar el piso en el que vivo con mi familia y recibo una notificación de desahucio…la libertad esta siendo desahuciada. Esto es la realidad que este capitalismo salvaje que está gobernando el mundo está creando una realidad que para muchas personas no deja espacio de libertad para elegir responsablemente opciones que le permitan una vida digna y saludable. La libertad personal se va estrechando tanto que termina reducida a una visión-túnel que sólo vislumbra opciones desesperadas que a menudo desembocan en la autodestrucción (índice de suicidios) o en una impotencia sin salida que acarrea sufrimientos que se cobran precios altísimos para la salud mental y física para cada vez más personas. Son como una plaga invisible que arrasa con la esperanza, lleva al aislamiento y las posibilidades de cambios a mejor se van esfumando.
Estamos experimentando el riesgo de quedarnos en la impotencia individual que enferma y se vuelve crónica y que además del sufrimiento que conlleva nos aboca a la pasividad, a la resignación fatalista. El capitalismo no sólo violenta a las personas desatendiendo la satisfacción de sus necesidades básicas si no tienes dinero, sino que nos violenta a todos al vendernos como normal la idea delirante del individualismo: de que los problemas que tenemos y las soluciones tienen siempre causas individuales y soluciones individuales. Causas individuales que vendrían de dentro: de la genética, de la bioquímica de nuestro cuerpo, de nuestros fallos: no seríamos lo suficientemente capaces, no habríamos hecho bastantes méritos, en definitiva, no valdríamos lo suficiente. Aunque los padecimientos psíquicos y emocionales de la población aumentan, las causas generalmente se atribuyen a algo que no funciona en el individuo y no a algo que no esta funcionando en la sociedad. Entonces se patologiza el malestar, en lugar de tomarse como un indicador de que hay que cambiar las condiciones de vida que están violentando tanto las posibilidades de tener una vida digna. Y se medicaliza como si sólo pastillas (que engordan las cuentas de las multinacionales farmacéuticas), como si sólo psicofármacos fueran la solución mágica.

Como decía la escritora Dulce Chacón:

> Por ser propio el dolor
> y ser ajeno
> me duele
> dentro
> y fuera.

El individualismo salvaje que inventó este capitalismo salvaje es la enfermedad mental más extendida y cuyas consecuencias son más graves: aboca a la impotencia, la apatía, la pasividad, a la depresión, a la autodestrucción, al deterioro de las relaciones humanas. El individualismo es incompatible con la capacidad de ser responsables. Si dejamos convencernos de que los problemas que estamos padeciendo son sólo individuales, y que tanto sus causas y consecuencias también lo son, no veremos la única opción que puede empezar a cambiar las cosas dentro y fuera, CAMBIAR LAS COSAS DENTRO Y TAMBIÉN FUERA.
Los seres humanos somos seres sociales que dependemos unos de otros y para los cuales el destino individual está ligado al de los demás. En Psicología Solidaria el disponer de un espacio terapéutico con un profesional va de la mano con el hacer un trabajo con otros para el bien común. Eso cura también, me saca de la impotencia y me permite la experiencia de dar y recibir, y de contribuir a mi propio bienestar (dentro) y al del otro (fuera). Su bienestar es también el mío.

Tenemos que seguir creando y trabajando juntos para que la salud mental de las personas sean consideradas un bien colectivo a cuidar entre todos, para preservar entre todos la posibilidad de que cada persona individual pueda ejercer su capacidad de ser responsable porque hay opciones reales, colectivas, y eso no va a venir de arriba, lo seguiremos creando entre todos.

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