menopausia y deseo

MENOPAUSIA Y DESEO: LAS CRISIS DE LA MITAD DE LA VIDA

A principios del siglo xx la expectativa de vida de las mujeres era de 50 años, en la actualidad llega a los 83.En promedio, se tiene por delante unos 30 años mas de vida, tantos como los transcurridos desde que salieron de la adolescencia.

Estamos así ante una etapa social relativamente nueva en la mujer, que no se resigna a envejecer una vez que alcanza los 50 y su actividad ovárica ha terminado.

Pero los cambios que se producen en esta etapa son profundos y no solo producidos por razones biológicas. De menopausia se habla mucho, y sobre todo desde un punto de vista de alteraciones hormonales y los cambios que este vaivén hormonal produce en el humor y las emociones de las mujeres. Pero se habla poco desde un punto de vista psíquico de los cambios que las mujeres tienen que hacer en su identidad en este periodo de su vida. Es un momento crucial de la vida en el cual se perfila un cambio en la imagen del cuerpo, tanto estéticamente como físicamente.

Los términos sexualidad y deseo son poco mencionados en relación a la menopausia que sigue asociándose a la vejez, pese al tiempo que las separa.

Asusta tener por delante 30 años de vida si no se encuentra un sentido a la misma. Cómo contemplar serenamente el escenario al que la menopausia parece que nos lleva? Socialmente se vive la menopausia y este periodo de la vida como una puerta abierta hacia la edad, el envejecimiento y la ancianidad., planteándolo como un pasaje sin puntos intermedios hacia la vejez, lo que supone un salto de al menos 25 años, que seria el equivalente a hablar de la menopausia a mujeres jóvenes que comienzan su vida sexual.

Las pérdidas o cambios a las que se enfrenta la mujer en la menopausia son:
– Finalización del período menstrual.
– Pérdida de atributos propios de la juventud, cambios corporales.
– Envejecimiento de los padres.
– Pérdida de seres queridos: padres, de pares generacionales.
– Partida de los hijos del hogar.
– Posibles cambios laborales.
Los cambios se sienten como pérdidas que afectan el sentimiento de sí mismo.
En las mujeres, la pérdida de la juventud, la belleza o la firmeza corporal son sentidos como handicaps. Aquellas mujeres para quienes la maternidad ha sido la actividad de mayor reafirmación, el crecimiento e independencia de los hijos y la llegada de la menopausia – significada como el fin de su vida reproductora (ergo, el final de la vida como mujer)- las empujan a situaciones depresivas.
Si se pudieron constituir otros deseos, la menopausia no discurrirá dramáticamente, será como el inicio de otra etapa, como una crisis productiva de reorganización. El climaterio no se vivirá como el fin de la actividad sexual, si ésta se constituyó en una actividad narcisizada por la mujer y no en una fuente de conflictos. Más bien representará un alivio, justamente por marcar el fin del período reproductivo y la posibilidad de tener una actividad sexual desligada de la amenaza de embarazo.
Muchos autores se interesan en las relaciones que esos fenómenos mantienen con la vivencia subjetiva y los discursos que se hacen sobre la cuestión de la perdida que ello implica. El término menopausia se utiliza así para hablar de “la crisis de la mitad de la vida”. se abordar la menopausia como una fase del desarrollo femenino. Proceso en el que confluyen variables de carácter psicológico, social y cultural que explica y configura las experiencias de las mujeres. Es Un transitar de la mujer en la edad madura. Etapa de desequilibrio hormonal que a su vez provoca un desequilibrio emocional, una sensación de pérdida (de la fertilidad, la juventud, la fuerza, la salud, el interés de la pareja) y un recuento de los logros y fracasos personales. Por ser un momento del desarrollo que produce una crisis tiene la potencialidad de llevar a un cambio en la forma de vida de la mujer, ya sea negativo (sentirse inútil, relegada, torpe y por lo tanto aislarse) o positivo revisar lo que ha sido su vida e iniciar nuevas actividades que antes no podía desarrollar por tener a cargo a otras personas (los hijos por ejemplo) o una vida sexual más activa por no tener ya el riesgo de un embarazo.
Todo lo anterior produce en la mujer un cambio en la forma de sentirse y percibirse, un desajuste en la estabilidad que había alcanzado, la cual muchas veces no era buena, y la urgencia de un reacomodo. Es frecuente que la mujer sienta temor ante la posibilidad de llegar a esta etapa de su vida, por los cambios que conlleva, pero sobre todo por los mitos que la acompañan: ‘Te haces vieja y fea’ ‘la sexualidad se acaba’ ‘ya no sirves’ ‘el marido y los hijos te dejan’.
Cada mujer experimenta la menopausia de manera diferente . La menstruación tiene una resonancia simbólica muy potente sobre el psiquismo. El ciclo menstrual marca una de las diferencias fundamentales ente una mujer y un hombre. Las menstruaciones son una de las huellas mas palpables de su identidad femenina y estan ligadas a la fecundidad. Por tanto, en ausencia de un rasgo (la menstruación) que está tan relacionado con la identidad de mujer, es lógico entender lo que de removedor tiene esta etapa. En este momento de la vida hay que hacer frente a la pérdida inevitable de la juventud y de la fertilidad (hay que diferenciar el deseo de quedar embarazada de la fertilidad,del deseo de tener un hijo). Para las mujeres que tiempo atrás tomaron la decisión consciente de no tener mas hijos, la menopausia les destruye la posibilidad de elección y el fantasma de eterna juventud, y para muchas otras mujeres que sintieron el placer de concebir y ser madres, se trata de uno de los momentos mas duros de afrontar.
Muchas mujeres viven la menopausia como “esa puerta abierta hacia la edad, el envejecimiento y la ancianidad”. La menopausia, por consiguiente, abre una puerta por la cual nos deslizamos de la edad al envejecimiento, ligado sin mas a La ancianidad, términos apenas separados entre si.
A partir de la menopausia el tiempo cronológico cede, vencido por un tiempo que condensa 30 años en una frase. Eso es lo aterrador de la menopausia. Con referencia a una mujer de 20 años, a nadie se le ocurriría juntar su primera experiencia sexual, sus maternidades y su menopausia, sin embargo, cronológicamente, el tiempo que las separa es el mismo.
La cincuentena muchas mujeres la describen como “ese momento en el que ya no se es joven sin ser aun viejo”, es decir, lo describen como marcado por lo que no se es, mas que por lo que se es.
Si nos ubicamos en una sociedad consumista, marcada por un perfil individualista y narcisista, teniendo al yo como religión, el vivir al instante y el cuerpo como objeto de culto hedonista: ¿qué imagen de mujer tenemos entonces?
El modelo corporal femenino y los referentes de belleza han sufrido variaciones a través del tiempo siendo constructos culturales. La valoración de la gordura señal de un nivel alto económico, buena salud, fertilidad, como modelo dominante, hoy es marca, estigma de un prejuicio que excluye a la mujer.
El cuerpo se visibiliza a través de las preocupaciones y prácticas cotidianas: angustia de la edad, envejecimiento (climaterio-menopausia), arrugas, canas, obsesión por la salud, delgadez, higiene, cuidados médicos y consumos de productos farmacéuticos
Hay una normativización del cuerpo, si se presenta como joven, esbelto, dinámico, simboliza una mujer sana, exitosa, de alto status social. Cuerpos trabajados, exigidos, remodelados, esculpidos sobre el* cuerpo natural dado. La delgadez como belleza física se presenta muchas veces como obligación de la mujer en la búsqueda de un ideal, de una identidad femenina.

Esta nueva estética implica un trabajo a través de un régimen de vida, que hace del cuidado del cuerpo un deber y un culto a su belleza, a la salud y a la juventud. Este cuerpo de mujer exige el consumo de productos, prácticas, y hábitos que implican una inversión en tiempo, dedicación y dinero. Demuestra su capacidad de voluntad y sacrificio, para así lograr mantener la línea, el peso adecuado. Son estos, valores de prestigio, que aparecen como el status corporal. El cuerpo femenino cuidado y trabajado simboliza a la mujer sana, voluntariosa, dispuesta, con fuerte autoestima, autoexigente y autocontrolada.

En una sociedad hedonista, amante del cuerpo sano, joven, la mujer se puede obsesionar por el horror de envejecer, se puede sentir tocada por la fatalidad. Ciertas mujeres se han olvidado de sí mismas, viven en función de los demás (la familia, el hogar, el esposo, sus hijos) centradas en su vida privada. Esta crisis, le produce una discontinuidad en su vida cotidiana, si bien le da la posibilidad de una nueva vida, otro tiempo se le abre, es el descubrimiento de su libertad.

La sociedad patriarcal ha dado a las funciones femeninas el carácter de servidumbre y de control de su cuerpo, la mujer se libera de esa situación. Son los cincuenta años, la mujer se siente llena de energía, rica en experiencia, pero se encuentra en situación de retiro, de pérdidas, “nadie me necesita.

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CONCLUSIONES
La diferencia entre la sensación de bienestar o malestar dependerá de la capacidad de la mujer para asumir reflexivamente el proceso que enfrenta, esto es, sostener un dialogo interno consigo misma que la autotranquilice respecto a las transformaciones que afronta. Los factores psicológicos, tales como la actitud ante la menopausia, las experiencias pasadas y la personalidad, influirán en las reacciones a la menopausia y en la percepción de los síntomas experimentados en esta época.

Es importante la reflexión no solo en torno a las imágenes o significados que como sociedad atribuimos a dicho periodo de vida, sino también con respecto a los destinos que este posibilita a determinados ideales y valores constituyentes de la feminidad, tales como maternidad, belleza asociada a juventud, fecundidad, entre otros . La amenaza de estos referentes de identidad acarrea una dolorosa lesión a la integridad narcisita y nutre el cuadro de crisis experimentado por la mujer en las siguientes áreas de su vida: relación consigo misma, imagen corporal, vínculos, capacidad fecunda, metas y sexualidad amenazada.

es el momento culminante de la vida lleno de responsabilidad, seriedad y desafíos con posibilidad de sentimientos de goce; la crianza de los hijos deja de ocupar un lugar prioritario; la ocupación o la profesión se encuentran en la máxima productividad; hay
creatividad, continuando el crecimiento y desarrollo; se prepara y trasciende a la vejez. Debe de cumplirse la meta de crear y guiar a las siguientes generaciones en busca de un balance y preparar para alcanzar el sentimiento de plenitud y bienestar.

La verdadera aceptación tiene que ver con el “paso del tiempo”, con hacer un balance de lo que hubo y que se puede hacer con lo que hay. Es un Tiempo de experiencia acumulada, de lo aprovechado y también, ¡de lo pendiente! Es decir, aceptar y continuar…

la menopausia es un tiempo de duelos, y los duelos necesitan “tiempo” dado que es un trabajo a realizar. En esta etapa la sexualidad se desliga de la procreación. Entonces la
pregunta es: ¿se puede gozar sin que ronde la idea de procrear? Desde luego que sí,. Ser madre es un estado y ser mujer es una posición con relación al deseo de un hombre .Cuando la maternidad ya no funciona como un todo, la mujer habrá de renovar la relación imaginaria con su propio cuerpo: verse y hacerse ver como mujer. Si la feminidad quedó reabsorbida por la maternidad, habrá mas dificultades. El nido vacío es en realidad un nido “lleno” de dolor, de pesares, de rumiaciones, de reproches, de resentimientos, de nostalgia y de pesimismo. El trabajo consiste en pasar de la reproducción a la PRODUCCIÓN. La pareja vuelve al primer plano. Para algunas se recrudecerán los desencuentros, las diferencias o el desamor, y para otras será una oportunidad para seguir compartiendo e incluso, hacer proyectos en común. Una cierta preparación para disfrutar del tiempo por venir…
Será también necesario reconstruir los lazos sociales para no quedar anclada en el rechazo al envejecimiento que propone la cultura

La menopausia como hecho biológico es universal pero como hecho sociocultural es singular la respuesta de cada mujer. Es un tiempo de balance y de corte con lo anterior. Tiempo que plantea un trabajo por hacer: la elaboración de las pérdidas, de lo pasado, de lo penoso para que no retorne indefinidamente. Tiempo de introspección, de buscar recursos y de ver que hacer con lo que se tiene.

Concluyendo, la menopausia es una ventana para mirar de cerca nuestra existencia, reflexionar sobre la vida pasada y futura y respetar nuestra edad, pero requiere tiempo y espacio.. Es una interesante toma de control personal. Supone la oportunidad para mostrarnos y mirarnos mas de cerca, aunque es cierto que dadas las fuertes contradicciones sociales y cambios psíquicos de esta etapa, tenemos que hacer un gran esfuerzo para contrarrestarlas. Es aquí donde el encuentro con otras mujeres (y las risas con ellas) que también lo están pasando y están tratando de sobreponerse, sea un soporte fundamental para la vivencia equilibradora de las luces y las sombras de este periodo que nos puede devolver a nosotras mismas.

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