La teoría de la abuela.

 

La menopausia no es simplemente una manifestación de la senescencia, del envejecimiento, sino que es una característica que ha sido seleccionada evolutivamente. Es decir, las mujeres, que en el pasado tenían una mutación genética que les hacia cesar en un determinado momento de producir óvulos, sin duda tuvieron menos hijos, pero aunque pueda parecer paradójico, a través de los nietos acabaron por trasmitir más genes a las generaciones que vinieron después, hasta llegar a la nuestra, que las mujeres que no tenían la menopausia. Por eso los genes que son responsables de la cesación de la fertilidad femenina se impusieron poco a poco. Hay que recordar que la menopausia es una característica casi exclusiva de la sexualidad humana y no se da en nuestros parientes más próximos. Otro dato curioso es que este hecho es, en principio, fácil de evitar. En los mamíferos, los óvulos no son producidos de forma continua, sino que la producción de éstos cesa en una fase muy temprana, por lo que son almacenados y empleados a lo largo del periodo reproductivo. Pero no hay ninguna razón a priori para que no se produzca un número de óvulos lo suficientemente alto para garantizar la fertilidad de la hembra durante toda su vida. Esto ha llevado a especular con la idea de que la menopausia humana sea un mecanismo adaptativo, que ha sido seleccionado por las ventajas reproductivas que confiere a quienes lo poseen.

 

Esto parece un contrasentido ¿qué ventajas reproductivas pueden derivarse de un sistema que interrumpe tempranamente la posibilidad de reproducción? Según esta hipótesis, la ventaja se derivaría del hecho de que la eficacia reproductiva de las mujeres de cierta edad podría aumentar si éstas invierten recursos que contribuyan a criar a sus nietos, en vez de hacerlo con sus propios hijos.

 

Varios estudios han puesto de manifiesto que en sociedades de cazadores-recolectores las mujeres post-menopaúsicas juegan un papel fundamental como recolectoras, ya que tienen mayor experiencia y no se ven impedidas por la crianza directa de los hijos.

Así que las personas mayores, las mujeres que ya no se reproducen y los hombres que están con ellos son muy importantes en los grupos humanos y lo han sido siempre, como líderes y como depositarios de la tradición y los valores de la tribu. De este modo, a través de la reputación, pueden hacer mucho por sus parientes, por su clan, y las sociedades primitivas eran, recordémoslo, esencialmente familiares. De este modo, guiando a la tribu y ejerciendo su autoridad, las personas sabias del pasado, todavía vigorosas, se aseguraban la trasmisión de su sangre, de sus genes.

 

Existe un ejemplo en otra especie de algo parecido a la menopausia. Se trata de los elefantes, esos grandes mamíferos que comparten tantas cosas con nosotros: su gran cerebro, su inteligencia, su desarrollo prolongado, su larga existencia, su intensa vida social. Pues bien, las manadas de elefantes son guiadas por una matriarca, una hembra que ya no se reproduce, pero que conduce a sus hijas y nietas, que sí lo hacen. Gracias a su prodigiosa memoria y la experiencia acumulada, puede tomar las decisiones oportunas que convienen al clan y, de este modo, mejora la eficacia del grupo. Toda la familia se comporta así como una unidad a efectos evolutivos y la sabiduría de la matriarca es decisiva para su supervivencia y su continuidad genética en el tiempo.

 

Y así es como lo expresaba la india lakota minneconjou Darlene Oso Joven:

 

Cuando las mujeres blancas se acercan a aquella etapa de la vida en la que ya no tienen su menstruación se vuelven depresivas y tienen miedo. Muchas creen que su vida ha terminado De acuerdo con nuestra forma de ser, tengo ganas de llegar a este momento en que ya no tengo que preocuparme de quedar embarazada o de cuidar continuamente niños pequeños. Nos alegramos de que llegue la época en la que podemos dedicarnos por completo a otras cosas, convertirnos en mujeres medicina o en artistas si esa es nuestra vocación. Antes de esta época, nuestras fuerzas generadoras de vida son demasiados fuertes. Como podemos traer hijos al mundo,  nuestras fuerzas espirituales son mayores que las de los hombres. Cuando llega este momento podemos custodiar la Pipa Sagrada, trabajar con enfermos o hacernos médicos si es esta nuestra vocación.
(Entresacado de “El primer viaje de nuestra vida” de Juan Luis Arsuaga).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s