LA COMUNICACIÓN. DIFICULTADES

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Dentro de la familia la conducta de cada individuo está relacionada con la de los otros y depende de ella. Toda conducta es comunicación y, por lo tanto, influye sobre los demás y sufre la influencia de éstos. Toda conducta, y no solo el habla, es comunicación, y toda comunicación afectan a la conducta. Es decir, desde un punto de vista comunicacional, un fragmento de conducta solo puede estudiarse en el contexto en el que tiene lugar.

 

Desde que nacemos, los seres humanos intercambiamos información con el

mundo que nos rodea y ‘organizamos’, por decirlo de algún modo, nuestras

percepciones de acuerdo a la información que recibimos. Al relacionarnos, no sólo intercambiamos información acerca de cómo vemos el mundo y de cómo nos vemos a nosotros mismos, sino, también, solicitamos información acerca de cómo nos ve el otro. Esto es de vital importancia para cada quien, a los fines de su autopercepción además de marcar las pautas y formas de conducirnos.

 

 

PROBLEMAS COMUNICACIÓN

 

Según la escuela de palo alto, California, toda comunicación es analíticamente descomponible en dos dimensiones, la analógica y la digital,.La dimensión analógica está desempeñada por la comunicación no verbal(relacional, conativa, instructiva, gestual.) y la digital por la comunicación  verbal (informativa, semántica, referencial). El significado “el emisor pide al receptor que le abra la puerta” puede ser transmitido de diversas formas como: abra, por favor” “ábreme”, “no sabes como me gustaría que me abrieras la puerta” “abre de una vez”…. En todos los casos aparece la misma información digital de comunicación verbal: una petición conductual. Pero, en cada caso, la petición es distinta desde el nivel analógico, es la comunicación no verbal (gestos, prosodia, tono, acento, énfasis, mímica, juego de palabras) la encargada de definir y subrayar ese marco relacional en cuyo contexto se produce la comunicación verbal, digital.

 

Ambas dimensiones son simultáneamente necesarias y suficientes para toda comunicación, pero la simultaneidad no implica necesariamente congruencia, en muchas ocasiones con voluntad o sin ella, aparece  contradicciones entre ambas dimensiones de la comunicación. Observaron cómo a un nivel se da un mensaje y, simultáneamente, pero a otro nivel, se da un mensaje que se contrapone con el primero. Cuando lse da un doble mensaje, quedamos en una trampa y es difícil salir de ella, porque ¿adónde ir? Está entrampado en el contexto de esas interacciones. Esos dobles mensajes se repiten, lo que termina generando un doble vínculo..

Paúl Watzlawick en sus seminarios  daba el ejemplo del chiste de la madre judía que le regala dos corbatas al hijo, una azul y una roja. El hijo sale corriendo y se pone la azul. La mira a la madre y ella le dice: “¿Cómo, hijo, no te gustó la roja?” Y él sale corriendo y se pone la roja. Entonces, la madre dice: “¿Cómo, no te gustó la azul?” Si esto se repite, se estereotipa, el chico se termina poniendo las dos corbatas. Alguien que se                              pone dos corbatas juntas está loco. De esta manera tan simple, Watzlawick explicaba el doble vínculo.

Esta teoría hace referencia a la confusión que le acarrea a una persona tener que discriminar entre dos mensajes contradictorios entre sí y la imposibilidad de comunicar acerca de tal contradicción. Esta confusión de la que hablamos tiende a ‘bloquear’ los tres campos de la vida y de la actividad humana: la acción, el pensamiento y el sentimiento. Entonces se podría decir que los dobles vínculos no sólo derivan instrucciones contradictorias, sino también verdaderas paradojas.

Otro ejemplo de doble vínculo, que se observa a diario, se produce cuando alguien pide a otro una conducta espontánea, que deja de ser espontánea desde el momento mismo en que ha sido pedida. La espontaneidad exigida conduce inevitablemente a una situación paradójica en la que el mero hecho de plantear la exigencia, hace imposible el cumplimiento espontáneo de la misma. En definitiva, el fenómeno del doble vínculo existe y ocurre con mucha frecuencia en nuestras interacciones cotidianas: entre padres e hijos, entre esposos, entre amigos, entre compañeros de trabajo y en muchas más. El hecho de tomar conciencia de sus características y efectos, puede llegar a mostrarnos nuestro grado de participación en la generación de dobles mensajes, de mensajes que confunden cuando no los emitimos claramente; puede recordarnos cómo los seres humanos nos influimos mutuamente con nuestras conductas y ayudarnos a decidir de qué modo queremos establecer nuestras relaciones con los demás; puede alertarnos a no incurrir en situaciones que generen confusión en lo que decimos y mostramos; puede conducirnos a que propiciemos mensajes claros, que se presten a la menor confusión posible en su interpretación, a la vez de solicitar aclaración de aquellos mensajes que nos resultan confusos, al percatarnos de lo fundamental que resulta para todo ser humano ser convalidado por otro ser humano en sus percepciones y en su propia definición de sí mismo.

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