Cambio, dolor y miedo

 

 

Tener conciencia del cambio, asusta, y asusta en tanto rompe la ilusión vivida como certeza de una vida segura y firme. Vida en general marcada por  lo que se debe o no hacer,  lo que se puede o no hacer, es decir, encauzada en una certeza de quien se es que no ha sido cuestionada

Por eso, ante el proceso de cambio  solemos reaccionar con angustia y cierta tristeza, ya que todo cambio implica incertidumbre y  pérdida. El proceso de crecimiento significa la pérdida de vínculos, objetos, conductas, estilos de vida…Muchas veces la tensión, angustia y conflicto, inherente en todo cambio, nos dificulta la aceptación del mismo

Cambio significa transformación. La evolución natural en el ser humano es estar sometidos a cambios, pequeños o grandes, y su asimilación es lo que hace que se establezca  nuestro sentimiento de identidad, de sentir quien y como somos. Cambiar nos hace tener sentimientos contradictorios de satisfacción y sufrimiento, ya que todo cambio significa adentrarse en lo desconocido, comprometerse con hechos futuros que no son previsibles y asumir sus consecuencias, y por otro, nos  crea  ansiedad, depresión y, como consecuencia,  intensifica la tendencia a conservar lo conocido y lo familiar como un mecanismo de defensa ante lo que lo nuevo representa.

Entonces, ¿por qué cambiar? La conciencia del cambio surge de la certeza de un conflicto mantenido en el tiempo, y por lo tanto de una necesidad de reaccionar ante la sensación de no poder continuar actuando de la misma manera. Pero la angustia/señal frente al cambio aparece también unida al sentimiento de pérdida de identidad, se duda de quién se es y cuando ocurre, se busca que nada se modifique y  que todo continúe igual. Esta situación nos lleva a sentirnos divididos por la contradicción de emociones que surge  por un lado,ante el malestar y la necesidad de cambiar por no poder continúar de la misma manera y por otro, la tendencia a que todo continúe igual por miedo por perder lo conocido.

Para poder resolver estos conflictos, y la transformación sea auténtica, tenemos que reconocer en nosotros mismos  aquello que rechazamos, es decir, nuestros límites y todo lo que conlleva nuestra condición humana. El proceso de cambio implica la aceptación de nuestras limitaciones. Somos libres y dueños de nuestra transformación en la medida en que asumamos la tarea de liberarnos  de nuestra dependencia, pero sin olvidar que somos también esa dependencia que debemos combatir. Para poder cambiar es necesario tener un margen de tolerancia a lo imprevisible, tolerar un presente no rígido y determinado y poder apoyarse en la confianza  y el deseo de conocer lo nuevo.

El dolor en la experiencia de cambio es inevitable. Nos duele lo que perdemos, nos duele la aceptación de nuestras limitaciones. Sin dolor no hay cambio; pero solamente con dolor tampoco. Hay que ser consciente de ello, porque cuando la tendencia y la necesidad de evitar cambios es muy alta se puede  radicalizar la tendencia a que nada cambie y que todo continúe igual, pagando un precio alto por ello.

No se empieza a cambiar cuando se cambia de conducta, sino cuando cambia la forma de evaluar la conducta que se repite, y, por lo tanto, los motivos por los que se repite. La conciencia del cambio implica el reconocimiento de las crisis como un síntoma del malestar, y no como la causa del mismo. El cambio forma parte del crecimiento evolutivo del ser humano,y, en tanto proceso, está inscrito en un tiempo, tiempo en el que debemos estar activos, implicados en un trabajo para reencontrarnos y escucharnos, aceptando el  reconocimiento de nuestras  limitaciones, y la necesidad de realizar  el esfuerzo de reparar y modificar aquello que nos cuesta perder y que nos impide nuestro desarrollo.

 

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